Lectura poética en el cementerio de Cacela Velha, con los Poetas del Guadiana

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Para esta ocasión, nos fuimos hasta Portugal, se cambió el cementerio de Ayamonte por la magia de Cacela Velha. Una tarde de otoño, de cielo plomizo y de mosaico de nubes distribuidas al ritmo del viento. Una visita cuidada a ese punto que tanto agrada a los Poetas del Guadiana y a todos los poetas del mundo.

En esta ocasión, no hubo palabras protocolarias ni atril con su megafonía dispuesta a colaborar. No había bancos ni gentes custodiando algún que otro nicho. Para este viaje, los poetas trajeron las alforjas repletas de nuevos versos y de sensaciones distintas. Antonio Cabrita controló en cierto modo las lecturas, y no quiso olvidarse de agradecer la presencia de todos y les animó a leer sin miedo, a deleitarse con la esencia de la misma vida. Lo dejó muy claro /A vida continua e nós cá vamos…/. Junto a Clara Correia, Ana Solá, María Sequeira o Sao Constantino que mantuvieron su lengua portuguesa y su ritmo cadencioso.  Mientras, en el castellano mas andaluz, se escuchó a Joaquina Vázquez, Ana Deacracia, Maria Luisa Dominguez o Manuela Lozano, que nos recordaban que la vida no es más que un sueño, quizás por eso Mari Carmen Azaustre, prefirió …/ traer un ramo de flores blancas, recién cortadas../

Se dibujaron versos en el camposanto, que se transformaron en oraciones en la iglesia algarvia que otea el horizonte en busca de buenas nuevas. Desde el atril, bajo una luz tenue y un silencio absoluto, de nuevo, casi todos los poetas presentes volvieron a regalar sus creaciones. Y en la misma puerta del templo, mirando hacia el mar, con un sol escondido entre las cuatro esquinas de un cielo ahora cobrizo, volvieron a rebuscar entre la memoria algún poema nuevo o quizás, algún verso viejo.

Y la comitiva, como si fuera un cortejo funerario pero cargado de alegría y esperanza, se fue hacia la otra esquina, a la sombra de los muros de la vieja fortaleza y allí, volvieron a recordar intenciones y deseos, con textos bíblicos y palabras libres, como siempre. La nostalgia de otras tardes en este mismo escenario, se vivió con latidos especiales, y así es como escuchamos a Raul Vela, Camino Benedicto, Jose Luis Rúa o Eladio Orta.

Llegamos al final de la tarde, el principio de una noche oscura pero repleta de una calma, propia de esta Cacela Velha misteriosa. El golpeo de la vieja campana, nos invitó a abandonar el lugar, a llenar la mochila de nuevas impresiones y dirigir de nuevo nuestros pasos hacía nuestras casas, todas ellas al otro lado del gran rio del sur. Los Poetas del Guadiana habían vivido una nueva experiencia, una grata experiencia, en esta ocasión en el camposanto de un pueblo chico, pero de una grandeza interminable. Cacela Velha forma parte del paisaje poético de los creadores de la Foz do Guadiana.

 

 

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